La liquidación no es un fracaso
Xochitl Calderón
January 12, 2026
La liquidación se ha malinterpretado durante mucho tiempo como el último recurso para las empresas en quiebra.
En realidad, suele ser una decisión estratégica y deliberada que permite a los directores cerrar un capítulo de forma responsable, eficiente y en sus propios términos.
Si se gestiona adecuadamente, la liquidación protege a las partes interesadas, limita el riesgo y preserva la reputación.
En este artículo, Marie Lee, directora ejecutiva de reestructuración y recuperación de Baker Tilly en Singapur, desmiente tres mitos comunes en torno a la liquidación.
Mito 1: La liquidación implica fracaso
Realidad: La liquidación puede ser una decisión empresarial inteligente.
Las empresas se liquidan por diversas razones estratégicas: para cumplir los objetivos originales, simplificar las estructuras del grupo, resolver las decisiones de los accionistas o eliminar costes recurrentes.
Lejos del caos, la liquidación puede ser una salida limpia y controlada.
Mito 2: Liquidación equivale a quiebra personal
Realidad: Los directores no son automáticamente responsables personalmente.
Liquidar una empresa no implica que un director se vuelva personalmente insolvente.
Los acreedores no pueden reclamar sus bienes personales a menos que existan garantías personales o se demuestre una mala conducta.
Para la mayoría de los directores, la liquidación es un proceso corporativo, no un colapso personal.
Mito 3: La liquidación conlleva la inhabilitación
Realidad: La liquidación por sí sola no necesariamente pone fin a la carrera de un director.
En muchos territorios, como Australia, Canadá, Irlanda, Singapur y el Reino Unido, los directores no son inhabilitados simplemente por la liquidación de una empresa.
La inhabilitación solo se produce en casos de insolvencia combinados con conducta inapropiada.
Muchos directores continúan dirigiendo empresas locales e internacionales después de una liquidación.
Liquidación, replanteada
La liquidación no se trata de estigma ni de fracaso.
Se trata de claridad, responsabilidad y avanzar con confianza.
Si se realiza correctamente, la liquidación no es el final de la historia; es una decisión estratégica para cerrar bien un capítulo y comenzar el siguiente con más fuerza.
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